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Canarias Pediátrica Vol. 50, nº2 MAY-AGO 2026
Paloma Poza Guedes.
Médico Especialista en Alergología. Servicio de Alergia del Hospital Universitario de Canarias (Tenerife)
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Resumen (ES)
Las enfermedades alérgicas, como el asma, la dermatitis atópica y la urticaria, representan una de las patologías crónicas más comunes en la infancia, con un impacto que trasciende los síntomas clínicos para afectar profundamente el desarrollo físico, emocional y social del niño. En pediatría, el mal control de estas enfermedades interfiere con procesos críticos como el sueño, la concentración escolar y la autoestima, generando además una carga significativa para los cuidadores. Tradicionalmente, el tratamiento se centraba en el control de síntomas mediante terapias convencionales. Sin embargo, para pacientes con formas graves o refractarias, la irrupción de las terapias biológicas ha supuesto un cambio de paradigma. Estos tratamientos, basados en anticuerpos monoclonales, actúan de forma selectiva sobre dianas de la inflamación tipo T2, como la IgE y diversas interleucinas (IL-4, IL-5, IL-13). En el ámbito del asma grave pediátrica, fármacos como el omalizumab han demostrado reducir significativamente las exacerbaciones y las visitas a urgencias, mejorando la función pulmonar y permitiendo que los niños participen más activamente en deportes y actividades escolares. Otros biológicos, como mepolizumab y benralizumab (dirigidos contra la IL-5), y dupilumab (que bloquea la señalización de IL-4 e IL-13), han ampliado las opciones de la medicina de precisión, permitiendo tratar a los pacientes según su fenotipo inflamatorio específico. La dermatitis atópica es otra área donde los biológicos han transformado el pronóstico. El dupilumab ha mostrado beneficios robustos al reducir el prurito y las lesiones cutáneas visibles, lo que mejora drásticamente la calidad del sueño y reduce el estigma social en niños y adolescentes. Además, se investiga si el uso precoz de estos fármacos podría alterar la “marcha atópica”, evitando la progresión hacia otras enfermedades alérgicas. Más allá del asma y la dermatitis, la evidencia se extiende a la urticaria crónica, donde el omalizumab es eficaz en pacientes refractarios, y a nuevas indicaciones como la esofagitis eosinofílica y la alergia alimentaria. La mejoría clínica se traduce en beneficios multidimensionales: mejor rendimiento académico, mayor integración social y bienestar familiar. No obstante, persisten desafíos importantes, como el elevado coste económico, la necesidad de identificar biomarcadores predictivos de respuesta y la falta de datos a largo plazo sobre la seguridad y la duración óptima del tratamiento. En conclusión, las terapias biológicas ofrecen un enfoque multidimensional que no solo busca el control clínico, sino que prioriza el desarrollo integral del niño y la normalización de la vida familiar, consolidando la medicina personalizada como el futuro de la alergología pediátrica. Palabras clave: asma, dermatitis atópica, alergia infantil, biológicos, calidad de vida
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